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¡Puta espalda! ¿Y si aprendiéramos a escuchar a nuestro cuerpo?

Esta mañana estaba en la panadería, esperando mi turno para comprar el pan, cuando la persona que tenía delante hizo un gesto de dolor y soltó una expresión que probablemente todos hemos escuchado alguna vez: «¡Puta espalda!». Después me miró. Yo simplemente asentí, sin decir nada. Pero aquella expresión se me quedó dando vueltas en la cabeza. Qué curioso, pensé. Nos duele una parte del cuerpo y nuestra primera reacción muchas veces es enfadarnos con ella. Como si la espalda estuviera haciéndonos algo malo. Como si se hubiera convertido en nuestra enemiga. Y entonces me hice una pregunta: ¿Y si, además de expresar nuestra frustración, intentáramos comprender qué está pasando? Mi espalda también me duele No hablo únicamente desde la teoría. Soy médico y, como muchas otras personas, paso buena parte de mi jornada laboral sentado. Hay días en los que apenas me levanto de la silla, días en los que duermo peor de lo habitual y otros en los que el estrés parece acompañarme desde que me despi...

Salud mental e historia familiar: lo que aprendimos de padres y abuelos

Hay familias en las que pedir ayuda cuesta más que seguir agotado. Otras hablan de cualquier asunto, excepto de lo que sienten. En algunas, una discusión termina en conversación. En otras, termina en gritos o en varios días de silencio. También hay hogares donde descansar produce culpa y decir “no puedo” parece una confesión de debilidad. Estas formas de relacionarnos no aparecen de la nada. Cuando intentamos comprender nuestra ansiedad, el miedo al conflicto o la dificultad para poner límites, solemos preguntarnos: “¿Por qué soy así?” A veces merece la pena añadir otra pregunta: ¿Dónde aprendí que esta era la manera de responder? No porque toda dificultad tenga su origen en la infancia, sino porque nadie empieza su vida fuera de una historia. Antes de que llegáramos, ya existía una forma de vivir Nacemos dentro de familias que tienen costumbres, expectativas, recursos y dificultades anteriores a nosotros. En algunas historias familiares aparecen pobreza, violencia, migración, pérdidas...

Cómo entendemos la medicina en Medicina con Coherencia

En salud es fácil encontrar explicaciones que parecen encajar perfectamente. Un síntoma, una hormona, un alimento y una conclusión. Todo queda ordenado en unos segundos. El problema es que una explicación convincente no siempre es una explicación correcta. También podemos caer en el extremo contrario: exigir una certeza absoluta antes de considerar cualquier pregunta o tomar una decisión. Pero la medicina trabaja con personas que necesitan respuestas, incluso cuando la información todavía está incompleta. Medicina con Coherencia nace del deseo de acercar esas dos realidades: el conocimiento científico y la vida de quien necesita comprender qué le está ocurriendo. Nuestro propósito es explicar con claridad, distinguir lo demostrado de lo posible y ayudar a tomar decisiones con criterio. La fisiología ayuda a preguntar; no siempre basta para responder Entender cómo funciona el organismo permite formular preguntas mejores. El sueño, el sistema nervioso, el metabolismo, los medicamentos y ...

Farmacología con sentido: comprender qué tratamos y para qué

Dolor: analgésico. Ansiedad: ansiolítico. Inflamación: antiinflamatorio. Fiebre: antitérmico. Son asociaciones que reconocemos rápidamente. Y muchas veces, utilizar un medicamento tiene sentido. Pero entre reconocer un síntoma y elegir un tratamiento deberían aparecer algunas preguntas: ¿Qué está ocurriendo? ¿Qué queremos conseguir al intervenir? ¿Qué beneficios esperamos y qué riesgos estamos dispuestos a asumir? Porque una misma respuesta puede ser útil en una situación y perjudicial en otra. Comprender esa diferencia ayuda a utilizar mejor los medicamentos. El organismo responde, pero no siempre acierta La inflamación participa en la defensa y la reparación. La ansiedad puede prepararnos para responder ante una amenaza. El dolor puede llevarnos a proteger una zona lesionada. Sin embargo, reconocer estas funciones no significa que toda respuesta sea beneficiosa ni que cada síntoma tenga un propósito que debamos respetar a cualquier precio. El organismo no toma decisiones conscientes ...

Pantallas y sistema nervioso: ¿cuándo el estímulo se convierte en carga?

Podemos pasar veinte minutos leyendo tranquilamente en una pantalla. O podemos pasar esos mismos veinte minutos saltando entre mensajes, vídeos, noticias y notificaciones. El reloj marca exactamente lo mismo. La experiencia no es la misma. Por eso, cuando hablamos de pantallas y salud, preguntar únicamente “¿cuántas horas son demasiadas?” puede dejarnos con una explicación incompleta. Importa cuánto tiempo las utilizamos. Pero también para qué, a qué hora, en qué condiciones y qué estamos dejando de hacer mientras las usamos. No existe un minuto exacto en el que el cuerpo deje de adaptarse y entre en “modo supervivencia”. Existen efectos diferentes sobre la visión, el movimiento, la atención y el sueño. Comprenderlos permite tomar decisiones más útiles que buscar un número mágico. Una pantalla no es solamente una pantalla Utilizar un dispositivo puede implicar varias cosas a la vez: luz que llega a nuestros ojos; trabajo visual a una determinada distancia; mantenimiento de una postura;...

La ciencia no es perfecta. Por eso puede corregirse.

Vivimos en una época extraordinaria. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información sobre el cuerpo humano. Y, al mismo tiempo, nunca había sido tan fácil confundir una opinión, un titular o un vídeo convincente con evidencia científica. Ante esta contradicción suelen aparecer dos posiciones. Una considera que la ciencia ofrece respuestas definitivas que no deben cuestionarse. La otra interpreta cualquier error o cambio de recomendación como una demostración de que la ciencia no merece confianza. Pero ambas confunden lo que la ciencia intenta hacer. La ciencia no es un sistema para garantizar que nunca nos equivoquemos. Es una forma organizada de detectar errores, contrastar explicaciones y mejorar progresivamente lo que sabemos. Su fortaleza no consiste en permanecer inmutable. Consiste en poder corregirse. La ciencia no es una verdad terminada Cuando hablamos de ciencia, no hablamos de un libro que ya contiene todas las respuestas. Hablamos de un proceso. Observamos un fenómeno, fo...

¿Y si para entender el cuerpo empezáramos antes que por los órganos?

Durante años estudié el cuerpo humano como lo hacemos prácticamente todos los médicos: anatomía, fisiología, bioquímica, órganos, aparatos, enfermedades, diagnósticos y tratamientos. El corazón en un capítulo. El pulmón en otro. El riñón unas cuantas páginas después. Esta forma de organizar el conocimiento es necesaria. Para comprender una estructura compleja, muchas veces tenemos que dividirla en partes. El problema aparece cuando olvidamos volver a unirlas. Con el tiempo empecé a hacerme una pregunta diferente: ¿Y si para comprender mejor los órganos necesitáramos comenzar por los problemas que cada uno intenta resolver? Porque el organismo no inventó sus propias reglas. Un corazón puede aumentar su frecuencia, hipertrofiarse o perder capacidad para bombear, pero no puede ignorar las leyes que gobiernan el movimiento de un líquido. Un pulmón puede modificar su ventilación, pero el oxígeno continuará desplazándose siguiendo gradientes. Una neurona puede transmitir información a gran v...