Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Estrés

El mito de aguantar: por qué resistir más no siempre es la respuesta

Vivimos en una cultura que admira a quien aguanta. A quien sigue trabajando aunque esté agotado. A quien nunca pide ayuda. A quien responde “puedo con todo” incluso cuando cada día le cuesta un poco más. La constancia tiene valor. Aprender, cuidar a otras personas, desarrollar un proyecto o atravesar una recuperación pueden exigir esfuerzo y paciencia. Pero hay una diferencia importante entre perseverar y mantener una situación sin revisar sus consecuencias. Poder seguir no significa necesariamente que podamos seguir de la misma manera. Perseverar también implica revisar el camino La perseverancia permite sostener un esfuerzo que tiene sentido. Incluye aprender de lo que ocurre, ajustar expectativas y cambiar de estrategia cuando hace falta. Aguantar puede convertirse en algo distinto: repetir lo mismo porque detenerse produce culpa, porque pedir ayuda parece una debilidad o porque no vemos una alternativa. Imaginemos a alguien que lleva meses durmiendo poco para cumplir con sus respon...

Comer con estrés: cómo influye el contexto en tu digestión

Te sientas a comer, pero todavía estás contestando un mensaje del trabajo. Entre un bocado y otro revisas la hora. Tienes que terminar pronto. Alguien te pregunta algo y respondes mientras masticas. Cuando apartas el plato, apenas recuerdas cómo sabía la comida. Otras veces ocurre algo diferente: tienes una preocupación y desaparece el apetito. O notas un nudo en el estómago antes de empezar. Estas experiencias nos recuerdan que comer sucede dentro de una vida. Importa lo que hay en el plato. También pueden importar las prisas, las sensaciones, las expectativas y las circunstancias que nos acompañan. Comprender esa relación puede ayudarnos a cuidar la digestión sin convertir cada comida en un examen de relajación. El aparato digestivo está conectado con el sistema nervioso El intestino dispone de una extensa red de neuronas que participa en la regulación de sus movimientos y secreciones. Esa red trabaja en comunicación con el cerebro y con otras vías nerviosas, hormonales e inmunitaria...

Estrés crónico y cortisol: qué ocurre y qué no podemos deducir de nuestros síntomas

Duermes mal, estás cansado y notas que cualquier contratiempo te supera. Buscas una explicación y enseguida aparece una palabra: cortisol. En redes sociales parece servir para explicarlo todo. El aumento de peso, la irritabilidad, los despertares nocturnos, la dificultad para concentrarse e incluso determinados cambios en el rostro. La explicación resulta atractiva: una hormona, muchos síntomas y, supuestamente, una solución para bajarla. Pero el cortisol no funciona como un medidor directo de cuánto nos está costando la vida. Sentir estrés no equivale a tener cortisol alto. Y tener síntomas no permite saber cómo está funcionando una hormona. Comprender esta diferencia nos ayuda a cuidar la salud sin convertir la fisiología en otra fuente de preocupación. El cortisol trabaja también cuando estamos tranquilos El cortisol es una hormona producida en la corteza de las glándulas suprarrenales. Participa en la regulación del metabolismo, la presión arterial y las respuestas inmunitarias, ad...