El mito de aguantar: por qué resistir más no siempre es la respuesta
Vivimos en una cultura que admira a quien aguanta. A quien sigue trabajando aunque esté agotado. A quien nunca pide ayuda. A quien responde “puedo con todo” incluso cuando cada día le cuesta un poco más. La constancia tiene valor. Aprender, cuidar a otras personas, desarrollar un proyecto o atravesar una recuperación pueden exigir esfuerzo y paciencia. Pero hay una diferencia importante entre perseverar y mantener una situación sin revisar sus consecuencias. Poder seguir no significa necesariamente que podamos seguir de la misma manera. Perseverar también implica revisar el camino La perseverancia permite sostener un esfuerzo que tiene sentido. Incluye aprender de lo que ocurre, ajustar expectativas y cambiar de estrategia cuando hace falta. Aguantar puede convertirse en algo distinto: repetir lo mismo porque detenerse produce culpa, porque pedir ayuda parece una debilidad o porque no vemos una alternativa. Imaginemos a alguien que lleva meses durmiendo poco para cumplir con sus respon...