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Pantallas y sistema nervioso: ¿cuándo el estímulo se convierte en carga?

Podemos pasar veinte minutos leyendo tranquilamente en una pantalla. O podemos pasar esos mismos veinte minutos saltando entre mensajes, vídeos, noticias y notificaciones. El reloj marca exactamente lo mismo. La experiencia no es la misma. Por eso, cuando hablamos de pantallas y salud, preguntar únicamente “¿cuántas horas son demasiadas?” puede dejarnos con una explicación incompleta. Importa cuánto tiempo las utilizamos. Pero también para qué, a qué hora, en qué condiciones y qué estamos dejando de hacer mientras las usamos. No existe un minuto exacto en el que el cuerpo deje de adaptarse y entre en “modo supervivencia”. Existen efectos diferentes sobre la visión, el movimiento, la atención y el sueño. Comprenderlos permite tomar decisiones más útiles que buscar un número mágico. Una pantalla no es solamente una pantalla Utilizar un dispositivo puede implicar varias cosas a la vez: luz que llega a nuestros ojos; trabajo visual a una determinada distancia; mantenimiento de una postura;...

El ojo es una extensión del cerebro: cómo la luz influye en tu sueño

Cuando pensamos en los ojos, solemos imaginarlos como cámaras. Captan una imagen. La envían al cerebro. Y entonces vemos. Pero esa explicación se queda corta. La retina no es una película que registra fotografías. Es tejido nervioso organizado en circuitos que comienzan a procesar la información luminosa antes de que llegue a otras regiones del cerebro. Y esa información no sirve únicamente para reconocer caras, leer o calcular distancias. También ayuda al organismo a saber en qué momento del día se encuentra. La luz nos permite ver el mundo y participa en la organización de nuestros ritmos. Qué significa que el ojo sea una extensión del cerebro Durante el desarrollo embrionario, la retina se forma a partir de estructuras que proceden del cerebro en desarrollo. Por eso pertenece al sistema nervioso central. Sin embargo, decir que “el ojo es cerebro” es una simplificación. El ojo también contiene estructuras con otras funciones y orígenes, como la córnea y el cristalino. La idea importa...

Desajuste circadiano: qué cambia cuando vivimos contra el reloj

El sueño no comienza cuando apoyamos la cabeza en la almohada. Horas antes, el cerebro ya está interpretando la luz que reciben nuestros ojos, cuánto tiempo llevamos despiertos, cuándo hemos comido, si nos hemos movido y qué hora cree que es. En cierto sentido, la noche empieza a prepararse desde la mañana. Esto no significa que exponerse al amanecer cure el insomnio ni que exista un horario perfecto para todo el mundo. Significa algo más básico: el organismo necesita saber en qué momento del día se encuentra para coordinar correctamente sus funciones. Cuando las señales del entorno coinciden con nuestro reloj interno, hablamos de sincronización circadiana. Cuando comienzan a contradecirse de manera repetida, aparece el desajuste circadiano. El cuerpo también necesita medir el tiempo Los ritmos circadianos son oscilaciones biológicas de aproximadamente 24 horas. Influyen en el sueño y la vigilia, la temperatura corporal, la secreción hormonal, la presión arterial, la digestión, el meta...