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Mostrando las entradas con la etiqueta Fisiología

¡Puta espalda! ¿Y si aprendiéramos a escuchar a nuestro cuerpo?

Esta mañana estaba en la panadería, esperando mi turno para comprar el pan, cuando la persona que tenía delante hizo un gesto de dolor y soltó una expresión que probablemente todos hemos escuchado alguna vez: «¡Puta espalda!». Después me miró. Yo simplemente asentí, sin decir nada. Pero aquella expresión se me quedó dando vueltas en la cabeza. Qué curioso, pensé. Nos duele una parte del cuerpo y nuestra primera reacción muchas veces es enfadarnos con ella. Como si la espalda estuviera haciéndonos algo malo. Como si se hubiera convertido en nuestra enemiga. Y entonces me hice una pregunta: ¿Y si, además de expresar nuestra frustración, intentáramos comprender qué está pasando? Mi espalda también me duele No hablo únicamente desde la teoría. Soy médico y, como muchas otras personas, paso buena parte de mi jornada laboral sentado. Hay días en los que apenas me levanto de la silla, días en los que duermo peor de lo habitual y otros en los que el estrés parece acompañarme desde que me despi...

Farmacología con sentido: comprender qué tratamos y para qué

Dolor: analgésico. Ansiedad: ansiolítico. Inflamación: antiinflamatorio. Fiebre: antitérmico. Son asociaciones que reconocemos rápidamente. Y muchas veces, utilizar un medicamento tiene sentido. Pero entre reconocer un síntoma y elegir un tratamiento deberían aparecer algunas preguntas: ¿Qué está ocurriendo? ¿Qué queremos conseguir al intervenir? ¿Qué beneficios esperamos y qué riesgos estamos dispuestos a asumir? Porque una misma respuesta puede ser útil en una situación y perjudicial en otra. Comprender esa diferencia ayuda a utilizar mejor los medicamentos. El organismo responde, pero no siempre acierta La inflamación participa en la defensa y la reparación. La ansiedad puede prepararnos para responder ante una amenaza. El dolor puede llevarnos a proteger una zona lesionada. Sin embargo, reconocer estas funciones no significa que toda respuesta sea beneficiosa ni que cada síntoma tenga un propósito que debamos respetar a cualquier precio. El organismo no toma decisiones conscientes ...

¿Y si para entender el cuerpo empezáramos antes que por los órganos?

Durante años estudié el cuerpo humano como lo hacemos prácticamente todos los médicos: anatomía, fisiología, bioquímica, órganos, aparatos, enfermedades, diagnósticos y tratamientos. El corazón en un capítulo. El pulmón en otro. El riñón unas cuantas páginas después. Esta forma de organizar el conocimiento es necesaria. Para comprender una estructura compleja, muchas veces tenemos que dividirla en partes. El problema aparece cuando olvidamos volver a unirlas. Con el tiempo empecé a hacerme una pregunta diferente: ¿Y si para comprender mejor los órganos necesitáramos comenzar por los problemas que cada uno intenta resolver? Porque el organismo no inventó sus propias reglas. Un corazón puede aumentar su frecuencia, hipertrofiarse o perder capacidad para bombear, pero no puede ignorar las leyes que gobiernan el movimiento de un líquido. Un pulmón puede modificar su ventilación, pero el oxígeno continuará desplazándose siguiendo gradientes. Una neurona puede transmitir información a gran v...

Salud y adaptación: cómo responder a los desafíos sin vivir al límite

Subes unas escaleras y el corazón acelera. Hace calor y empiezas a sudar. Terminas una actividad exigente y necesitas recuperarte. Estos cambios no significan necesariamente que algo esté fallando. Muchos forman parte de los ajustes que permiten al organismo responder a lo que ocurre. Por eso, entender la salud como un estado en el que nada cambia puede resultar engañoso. Nuestro cuerpo mantiene cierta estabilidad precisamente porque modifica continuamente su funcionamiento. Adaptarse importa. Pero también importa a qué nos adaptamos, qué consecuencias tiene y cuánto podemos recuperarnos. El equilibrio del cuerpo no significa inmovilidad En fisiología hablamos de homeostasis para describir la regulación de condiciones internas necesarias para vivir. La temperatura, la glucosa o la presión arterial no permanecen completamente fijas. Cambian dentro de un contexto y están sometidas a mecanismos de regulación. Al hacer ejercicio aumentan las necesidades de los músculos. La circulación y la...

El ojo es una extensión del cerebro: cómo la luz influye en tu sueño

Cuando pensamos en los ojos, solemos imaginarlos como cámaras. Captan una imagen. La envían al cerebro. Y entonces vemos. Pero esa explicación se queda corta. La retina no es una película que registra fotografías. Es tejido nervioso organizado en circuitos que comienzan a procesar la información luminosa antes de que llegue a otras regiones del cerebro. Y esa información no sirve únicamente para reconocer caras, leer o calcular distancias. También ayuda al organismo a saber en qué momento del día se encuentra. La luz nos permite ver el mundo y participa en la organización de nuestros ritmos. Qué significa que el ojo sea una extensión del cerebro Durante el desarrollo embrionario, la retina se forma a partir de estructuras que proceden del cerebro en desarrollo. Por eso pertenece al sistema nervioso central. Sin embargo, decir que “el ojo es cerebro” es una simplificación. El ojo también contiene estructuras con otras funciones y orígenes, como la córnea y el cristalino. La idea importa...

La inflamación no siempre es el enemigo: respuesta, reparación y enfermedad

Durante años se ha repetido una frase que suena contundente: “Todo es inflamación.” Es atractiva porque parece ofrecer una explicación común para problemas muy diferentes. Fatiga. Dolor. Obesidad. Ansiedad. Enfermedades cardiovasculares. Trastornos digestivos. Pero una palabra capaz de explicarlo todo corre el riesgo de no explicar nada. La inflamación no es una enfermedad concreta ni el origen universal de todos los síntomas. Es un conjunto de respuestas biológicas que el organismo utiliza ante infecciones, lesiones, irritantes y otras alteraciones de los tejidos. Puede protegernos. Puede ayudarnos a reparar. También puede contribuir al daño cuando es excesiva, se dirige contra estructuras propias o permanece activa durante demasiado tiempo. Por eso, la pregunta importante no es solamente si existe inflamación. Necesitamos saber: dónde aparece, qué la desencadena, cuánto dura y qué consecuencias está produciendo. Cuando la inflamación nos protege Imagina que te haces una herida en la ...

Estrés crónico y cortisol: qué ocurre y qué no podemos deducir de nuestros síntomas

Duermes mal, estás cansado y notas que cualquier contratiempo te supera. Buscas una explicación y enseguida aparece una palabra: cortisol. En redes sociales parece servir para explicarlo todo. El aumento de peso, la irritabilidad, los despertares nocturnos, la dificultad para concentrarse e incluso determinados cambios en el rostro. La explicación resulta atractiva: una hormona, muchos síntomas y, supuestamente, una solución para bajarla. Pero el cortisol no funciona como un medidor directo de cuánto nos está costando la vida. Sentir estrés no equivale a tener cortisol alto. Y tener síntomas no permite saber cómo está funcionando una hormona. Comprender esta diferencia nos ayuda a cuidar la salud sin convertir la fisiología en otra fuente de preocupación. El cortisol trabaja también cuando estamos tranquilos El cortisol es una hormona producida en la corteza de las glándulas suprarrenales. Participa en la regulación del metabolismo, la presión arterial y las respuestas inmunitarias, ad...

Mitocondrias: cómo convierte tu cuerpo los alimentos en vida

Acabas de subir unas escaleras. Respiras más rápido. El corazón late con más fuerza. Los músculos de las piernas han tenido que trabajar para desplazar tu cuerpo contra la gravedad. Percibes el esfuerzo, pero no ves lo que lo hace posible. Dentro de tus células, millones de reacciones están permitiendo transformar la energía de los nutrientes en trabajo biológico. Y una parte fundamental de esa transformación ocurre en las mitocondrias. Solemos describirlas como las centrales energéticas de la célula. Es una buena primera aproximación, pero apenas cuenta el comienzo de la historia. Las mitocondrias nos ayudan a comprender cómo algo que comemos puede terminar sosteniendo un movimiento, un latido o una conversación. Comer no es lo mismo que disponer de energía utilizable Un plato de comida contiene energía química. Pero entre comer y contraer un músculo hay una cadena de transformaciones. La digestión descompone los alimentos. El intestino absorbe nutrientes. La circulación los distribuy...

Cómo elimina sustancias tu cuerpo y qué significa realmente hacer un “detox”

Después de unos días comiendo diferente, durmiendo poco o bebiendo alcohol, es fácil sentir que necesitamos una limpieza. La expresión aparece por todas partes: depurar el hígado, eliminar toxinas, limpiar el intestino. A veces acompaña a un zumo; otras, a una infusión, un suplemento o un programa de varios días. La idea resulta atractiva porque ofrece una explicación sencilla: algo se ha acumulado dentro y necesitamos sacarlo para encontrarnos mejor. Nuestro cuerpo sí produce y elimina sustancias continuamente. También puede sufrir intoxicaciones y enfermedades que alteran esos procesos. Pero entre esa realidad y la promesa de una limpieza general hay una diferencia importante. Antes de preguntar cómo eliminar una toxina, necesitamos saber de qué sustancia estamos hablando. El trabajo empieza mucho antes de que pensemos en “limpiarnos” El metabolismo genera productos que deben procesarse o eliminarse. Además, incorporamos sustancias a través de los alimentos, el aire y otras exposicio...