La salud también consiste en conservar capacidades

Vivimos en una época en la que hablamos constantemente de enfermedades.

Hipertensión.

Diabetes.

Ansiedad.

Dolor de espalda.

Colesterol.

Sin embargo, hay una pregunta que pocas veces nos hacemos:

¿Qué capacidades ha dejado de conservar mi cuerpo porque ya no las utilizo?

Puede parecer una pregunta sencilla, pero cambia la manera de entender la salud.

La posición de cuclillas: una capacidad que podemos perder

Puedes explorar este movimiento si no tienes dolor ni una lesión que lo desaconseje. Utiliza un apoyo estable si lo necesitas y no fuerces la profundidad.

Ponte de pie e intenta bajar lentamente hacia una posición de cuclillas, acercando los glúteos al suelo y manteniendo los talones apoyados hasta donde puedas hacerlo cómodamente.

Algunas personas lo consiguen sin dificultad.

Otras levantan los talones, sienten que se van hacia atrás o no pueden mantener la postura.

Esto no funciona como un examen universal de salud.

La capacidad para realizar una cuclilla profunda depende de la movilidad del tobillo y la cadera, de las proporciones corporales, de la fuerza, del equilibrio, de la experiencia y de la presencia de dolor o lesiones.

No todo el mundo necesita alcanzar la misma profundidad.

Pero el movimiento puede mostrarnos algo interesante: una postura que muchos niños utilizan con naturalidad puede desaparecer progresivamente del repertorio de movimiento durante la vida adulta.

Entonces aparece otra pregunta:

¿Cuánto de esa pérdida se debe a que dejamos de practicarla?

El cuerpo se adapta a lo que le pedimos

Nuestro organismo modifica continuamente sus tejidos y capacidades según las demandas que recibe.

Los músculos responden a la tensión.

Los huesos responden a las cargas.

El sistema cardiovascular responde al esfuerzo.

El equilibrio mejora cuando tiene que resolver pequeños desafíos.

El sistema nervioso aprende movimientos y también puede dejar de ejecutarlos con soltura cuando pasan años sin practicarse.

Mantener una capacidad requiere estímulo.

Cuando disminuye la actividad, también pueden reducirse la fuerza, la resistencia, la movilidad y la coordinación necesarias para realizarla.

No ocurre porque el cuerpo decida castigarnos.

Ocurre porque la adaptación fisiológica responde a las demandas que repetimos.

El cuerpo conserva mejor aquello que utiliza.

Y puede dejar de conservar aquello que ya no forma parte de su vida cotidiana.

No ocurre solamente con las cuclillas

La posición de cuclillas es solo un ejemplo.

Si dejamos de caminar distancias largas, esas distancias pueden resultar cada vez más exigentes.

Si dejamos de levantar objetos, podemos perder parte de la fuerza necesaria para hacerlo.

Si evitamos subir escaleras, subirlas puede comenzar a fatigarnos más.

Si nunca nos sentamos en el suelo, levantarnos desde allí puede convertirse en una maniobra difícil.

Si dejamos de desafiar nuestro equilibrio, disminuyen las oportunidades para entrenarlo.

Si pasamos la mayor parte del día sentados, ofrecemos menos estímulos para conservar otras capacidades.

Esto no significa que todas las pérdidas funcionales se deban al desuso.

La edad, las enfermedades, el dolor, las lesiones, los medicamentos, la genética y las características anatómicas también pueden modificar nuestras capacidades.

Pero el desuso es una pieza importante y, en algunos casos, modificable.

Adaptarse no siempre significa mejorar

Con frecuencia hablamos de adaptación cuando pensamos en entrenamiento.

Una persona levanta peso y aumenta su fuerza.

Camina con regularidad y mejora su tolerancia al esfuerzo.

Practica un movimiento y gana coordinación.

Pero el organismo también puede perder capacidades cuando vive con pocas demandas físicas.

Caminar menos puede reducir la tolerancia a caminar.

Dejar de levantar cargas puede disminuir la fuerza.

Evitar determinados movimientos puede hacer que perdamos práctica y confianza al realizarlos.

La adaptación no tiene una intención moral. No diferencia entre hábitos buenos y malos.

Responde a los estímulos que recibe, dentro de las posibilidades y limitaciones de cada persona.

Por eso los hábitos cotidianos tienen tanta influencia sobre nuestra capacidad funcional. No suelen transformar el organismo en un solo día, pero pueden moldearlo cuando se repiten durante meses o años.

¿Significa esto que todo puede recuperarse?

No.

Sería un error simplificar de esa manera.

Existen pérdidas funcionales producidas por enfermedades, lesiones o cambios estructurales que pueden no ser completamente reversibles.

También existen movimientos que no son adecuados para todas las personas.

Pero sería igualmente equivocado asumir que toda pérdida de capacidad es inevitable.

La fuerza puede mejorar en edades avanzadas.

El equilibrio puede entrenarse.

La resistencia cardiovascular puede aumentar.

La movilidad puede mejorar, al menos parcialmente, cuando se identifican las limitaciones y se trabaja de forma progresiva.

Incluso en adultos mayores con riesgo de discapacidad, los programas estructurados de actividad física pueden ayudar a conservar la movilidad. En el estudio LIFE, un programa de actividad física de intensidad moderada redujo la aparición de discapacidad importante para la movilidad frente a un programa de educación sanitaria.

Esto no garantiza el mismo resultado en todas las personas, pero demuestra que intervenir puede marcar una diferencia.

La edad modifica la capacidad de adaptación, pero no la elimina.

Una forma diferente de mirar la salud

Solemos medir la salud mediante diagnósticos, analíticas y pruebas de imagen.

Todo eso es importante.

Pero también podríamos preguntarnos:

¿Puedo levantarme del suelo?

¿Puedo caminar durante un tiempo razonable sin agotarme?

¿Mantengo el equilibrio al vestirme?

¿Puedo cargar las bolsas de la compra?

¿Tengo fuerza suficiente para las tareas de mi vida diaria?

¿Puedo subir escaleras?

¿Puedo jugar con mis hijos o nietos?

Estas preguntas hablan de función.

Y la función determina, en buena medida, nuestra autonomía y nuestra capacidad para participar en la vida cotidiana.

No hace falta entrenarlo todo

Conservar capacidades no significa que todas las personas deban correr, levantar grandes pesos o alcanzar una sentadilla perfecta.

La capacidad que importa depende de la vida de cada persona.

Para alguien puede ser subir dos pisos por las escaleras.

Para otra persona, trabajar de pie sin dolor.

Para un adulto mayor, levantarse de una silla sin ayuda.

Para una madre o un padre, cargar a su hijo.

Para un trabajador, mantener las capacidades necesarias para realizar su profesión con seguridad.

La pregunta no es qué ejercicio está de moda.

La pregunta es:

¿Qué necesito poder hacer para vivir la vida que quiero conservar?

A partir de allí podemos elegir movimientos que tengan sentido y progresarlos según la situación de cada persona.

Cuándo no debemos atribuirlo simplemente al desuso

Las caídas repetidas, la falta de aire desproporcionada, el dolor persistente o una reducción progresiva de la capacidad sin una explicación clara merecen valoración sanitaria.

Una pérdida repentina de fuerza, especialmente en un lado del cuerpo, o una dificultad súbita para hablar, caminar o mantener el equilibrio requieren atención urgente. Pueden ser señales de un accidente cerebrovascular. En España, llama al 112, incluso si los síntomas mejoran.

No todo se resuelve entrenando.

En ocasiones, la pérdida funcional es una señal de enfermedad y necesita ser investigada antes de comenzar o intensificar un programa de ejercicio.

Comprender la adaptación no significa convertirla en una explicación universal.

Conservar capacidades también es prevención

La medicina seguirá siendo imprescindible para diagnosticar y tratar enfermedades.

Pero cuidar la salud no empieza solamente cuando aparece un diagnóstico.

También consiste en conservar las capacidades que nos permiten movernos, trabajar, relacionarnos con el entorno y mantener nuestra autonomía.

No se trata de perseguir un cuerpo perfecto.

Se trata de conservar, dentro de nuestras posibilidades, las herramientas físicas que nos permiten participar en la vida que valoramos.

La salud no es únicamente lo que muestran una analítica o una prueba de imagen.

También es lo que todavía podemos hacer.

Sobre el autor

El Dr. Eduardo Chávez es médico venezolano residente en España y creador de Medicina con Coherencia. Divulga sobre fisiología, medicina clínica y estilo de vida para ayudar a comprender mejor el cuerpo y tomar decisiones de salud con criterio.

La salud no se impone, se comprende.

Este artículo tiene finalidad informativa y educativa. No sustituye una valoración médica ni una prescripción individual de ejercicio.

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