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Tu intestino y tu cerebro llevan toda la vida hablando

Hay personas que sienten nervios y corren al baño. Otras pierden completamente el apetito cuando están preocupadas. Algunas sienten un nudo en el estómago antes de una conversación difícil. También puede ocurrir al contrario. Hay días en los que algo no funciona bien en el aparato digestivo y tampoco nos sentimos igual de despejados, tranquilos o enérgicos. No es imaginación. El cerebro y el aparato digestivo mantienen una comunicación constante. Esa relación tiene un nombre: Eje cerebro-intestino. Pero reducirla a la frase “el intestino es nuestro segundo cerebro” se queda bastante corto. La realidad es mucho más interesante. El intestino no trabaja solo Cuando pensamos en el aparato digestivo solemos imaginar una especie de tubería. Comemos. Digerimos. Absorbemos. Eliminamos. Sin embargo, dentro de su pared existe una extensa red neuronal llamada sistema nervioso entérico. Millones de neuronas participan en la coordinación de la motilidad intestinal, las secreciones, el flujo sanguín...

Resolver conflictos también es una capacidad que se aprende

Hay personas capaces de hablar durante horas y, sin embargo, con muchas dificultades para abordar una conversación incómoda. Otras se enfadan, se bloquean, se marchan, guardan silencio o simplemente dicen: “No sé qué decirte.” Desde fuera solemos resumirlo así: “No sabe comunicarse.” Pero resolver un conflicto necesita algo más que encontrar palabras. Implica reconocer lo que sentimos, escuchar algo que quizá no nos guste y decidir qué hacer con esa información. Hablar con soltura y resolver un desacuerdo son capacidades diferentes. Primero necesito entender qué me está pasando Para decir “lo que ocurrió me molestó porque me sentí ignorado”, primero necesito reconocer la molestia y explorar qué significado tuvo para mí aquella situación. A veces lo único que identificamos es tensión, inquietud o ganas de terminar la conversación. Podemos empezar con preguntas sencillas: ¿Qué ocurrió concretamente? ¿Qué interpreté? ¿Qué sentí? ¿Qué necesito aclarar o pedir? No hace falta encontrar una e...

Alimentación familiar: ¿plato individual o comida compartida?

La alimentación familiar suele seguir una escena que tenemos completamente normalizada: cada persona se sienta y recibe su plato. Durante mucho tiempo nunca me había detenido a pensar en ello. Hasta que empecé a hacerme una pregunta: ¿Cuánto de lo que servimos responde al hambre de quien va a comer y cuánto a nuestra idea de la cantidad que debería terminar? Servir platos individuales es perfectamente válido. Pero esa escena cotidiana permite explorar algo más interesante que la forma de presentar los alimentos: cómo acompañamos a los niños mientras aprenden a comer. El problema no está en el plato Una comida puede llegar servida desde la cocina y desarrollarse con tranquilidad. También podemos colocar fuentes en el centro de la mesa y pasar todo el tiempo vigilando cuánto come cada persona. La diferencia está en lo que ocurre alrededor: “Todavía te queda.” “Cómete tres cucharadas más.” “Hasta que no termines, no te levantas.” Estas frases suelen surgir de una preocupación comprensible...

A veces no buscas la sustancia: buscas cambiar cómo te sientes

Fumar para relajarte. Tomar café para arrancar. Beber alcohol para soltarte. Comer algo dulce después de un día agotador. Consumir cannabis para desconectar. A primera vista parecen conductas completamente diferentes. Sustancias distintas. Personas distintas. Contextos distintos. Pero pueden compartir una función: Modificar rápidamente nuestro estado interno. Comprender esa función cambia bastante la manera de mirar el consumo. No siempre buscamos placer Cuando hablamos de sustancias solemos reducir la conversación a dos conceptos: Placer y adicción. Pero el comportamiento humano es más complejo. Nuestro cerebro intenta mantener un estado que nos permita responder a lo que estamos viviendo. Cuando estamos cansados, buscamos activarnos. Cuando estamos tensos, buscamos relajarnos. Cuando estamos aburridos, buscamos estimulación. Cuando estamos emocionalmente saturados, buscamos desconectar. Cuando nos sentimos incómodos en una situación social, buscamos sentirnos más seguros. Si descubri...

¿Por qué el alcohol nos desinhibe? Lo que ocurre realmente en el cerebro

Hay algo curioso que ocurre cuando observas un bar lleno de gente. Personas cantando, bailando, hablando con desconocidos o riéndose sin preocuparse demasiado por quién las está mirando. En muchas de esas escenas aparece el alcohol. Sabemos que es un depresor del sistema nervioso central. Pero entonces surge una pregunta: Si deprime el sistema nervioso, ¿por qué algunas personas parecen más activas y espontáneas después de beber? La contradicción desaparece cuando comprendemos algo: reducir la actividad de ciertos mecanismos cerebrales puede hacer que una conducta se exprese con menos control. Tu cerebro también trabaja para que no hagas cosas Estás en una fiesta y suena una canción que te encanta. Quieres bailar. Pero casi inmediatamente aparecen otras ideas: “Me estarán mirando.” “Yo bailo fatal.” “Mejor me quedo aquí.” Antes de moverte, tu cerebro ya está relacionando el deseo con recuerdos, expectativas, normas sociales y posibles consecuencias. No hacer algo también requiere activ...

Crianza respetuosa y límites: ¿hasta dónde debemos llegar?

Un niño puede llorar porque llegó la hora de salir del parque. Puede enfadarse porque no compraremos un juguete o protestar cuando termina su tiempo de pantalla. En ese momento, muchos padres sentimos una duda: ¿Estoy siendo demasiado duro o debería mantener el límite? La respuesta necesita algo más que elegir entre ceder y ponerse firme. Importan la edad, la situación, las necesidades del niño y si lo que estamos pidiendo tiene sentido. Respetar a un niño incluye escucharlo. También incluye asumir las decisiones que todavía no puede tomar por sí solo. Comprender la emoción y proteger la convivencia Podemos reconocer que un niño está enfadado y, al mismo tiempo, impedir que golpee a su hermano. “Veo que estás muy molesto. No voy a dejar que pegues.” La emoción merece atención. La agresión necesita una intervención que proteja a quienes están presentes. Pero decir esa frase no hará que desaparezca inmediatamente el enfado. No es una contraseña que desbloquea la calma. A veces tendremos ...

La salud también consiste en conservar capacidades

Vivimos en una época en la que hablamos constantemente de enfermedades. Hipertensión. Diabetes. Ansiedad. Dolor de espalda. Colesterol. Sin embargo, hay una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿Qué capacidades ha dejado de conservar mi cuerpo porque ya no las utilizo? Puede parecer una pregunta sencilla, pero cambia la manera de entender la salud. La posición de cuclillas: una capacidad que podemos perder Puedes explorar este movimiento si no tienes dolor ni una lesión que lo desaconseje. Utiliza un apoyo estable si lo necesitas y no fuerces la profundidad. Ponte de pie e intenta bajar lentamente hacia una posición de cuclillas, acercando los glúteos al suelo y manteniendo los talones apoyados hasta donde puedas hacerlo cómodamente. Algunas personas lo consiguen sin dificultad. Otras levantan los talones, sienten que se van hacia atrás o no pueden mantener la postura. Esto no funciona como un examen universal de salud. La capacidad para realizar una cuclilla profunda depende de la mo...