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Tu intestino y tu cerebro llevan toda la vida hablando

Hay personas que sienten nervios y corren al baño. Otras pierden completamente el apetito cuando están preocupadas. Algunas sienten un nudo en el estómago antes de una conversación difícil. También puede ocurrir al contrario. Hay días en los que algo no funciona bien en el aparato digestivo y tampoco nos sentimos igual de despejados, tranquilos o enérgicos. No es imaginación. El cerebro y el aparato digestivo mantienen una comunicación constante. Esa relación tiene un nombre: Eje cerebro-intestino. Pero reducirla a la frase “el intestino es nuestro segundo cerebro” se queda bastante corto. La realidad es mucho más interesante. El intestino no trabaja solo Cuando pensamos en el aparato digestivo solemos imaginar una especie de tubería. Comemos. Digerimos. Absorbemos. Eliminamos. Sin embargo, dentro de su pared existe una extensa red neuronal llamada sistema nervioso entérico. Millones de neuronas participan en la coordinación de la motilidad intestinal, las secreciones, el flujo sanguín...

A veces no buscas la sustancia: buscas cambiar cómo te sientes

Fumar para relajarte. Tomar café para arrancar. Beber alcohol para soltarte. Comer algo dulce después de un día agotador. Consumir cannabis para desconectar. A primera vista parecen conductas completamente diferentes. Sustancias distintas. Personas distintas. Contextos distintos. Pero pueden compartir una función: Modificar rápidamente nuestro estado interno. Comprender esa función cambia bastante la manera de mirar el consumo. No siempre buscamos placer Cuando hablamos de sustancias solemos reducir la conversación a dos conceptos: Placer y adicción. Pero el comportamiento humano es más complejo. Nuestro cerebro intenta mantener un estado que nos permita responder a lo que estamos viviendo. Cuando estamos cansados, buscamos activarnos. Cuando estamos tensos, buscamos relajarnos. Cuando estamos aburridos, buscamos estimulación. Cuando estamos emocionalmente saturados, buscamos desconectar. Cuando nos sentimos incómodos en una situación social, buscamos sentirnos más seguros. Si descubri...

La salud también consiste en conservar capacidades

Vivimos en una época en la que hablamos constantemente de enfermedades. Hipertensión. Diabetes. Ansiedad. Dolor de espalda. Colesterol. Sin embargo, hay una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿Qué capacidades ha dejado de conservar mi cuerpo porque ya no las utilizo? Puede parecer una pregunta sencilla, pero cambia la manera de entender la salud. La posición de cuclillas: una capacidad que podemos perder Haz una prueba, siempre que no tengas dolor ni una lesión que lo desaconseje. Ponte de pie e intenta bajar lentamente hasta una posición de cuclillas, acercando los glúteos al suelo y manteniendo los talones apoyados. Algunas personas lo consiguen sin dificultad. Otras levantan los talones, sienten que se van hacia atrás o no pueden mantener la postura. Esto no funciona como un examen universal de salud. La capacidad para realizar una cuclilla profunda depende de la movilidad del tobillo y la cadera, de las proporciones corporales, de la fuerza, del equilibrio, de la experiencia y d...

Reducir el absentismo exige recuperar capacidad, no solo acortar bajas

Si el responsable de una mutua me preguntara cómo reducir el absentismo laboral, no empezaría hablando de altas médicas. Empezaría con una pregunta: ¿Qué está impidiendo realmente que esta persona pueda volver a trabajar? Reducir el absentismo relacionado con la salud no consiste solamente en acortar la duración de las bajas. Consiste en prevenir aquello que puede evitarse, tratar lo que necesita tratamiento y resolver las barreras que dificultan una reincorporación segura y sostenible. Porque dar un alta no recupera automáticamente la capacidad de una persona. Y prolongar una baja sin una dirección clara tampoco garantiza su recuperación. No todo absentismo es incapacidad temporal Conviene comenzar diferenciando conceptos. El absentismo laboral incluye ausencias de distinta naturaleza. La incapacidad temporal es una situación concreta en la que un problema de salud impide temporalmente realizar el trabajo habitual y está sometida a un procedimiento médico y administrativo. En este art...

La inflamación no siempre es el enemigo: respuesta, reparación y enfermedad

Durante años se ha repetido una frase que suena contundente: “Todo es inflamación.” Es atractiva porque parece ofrecer una explicación común para problemas muy diferentes. Fatiga. Dolor. Obesidad. Ansiedad. Enfermedades cardiovasculares. Trastornos digestivos. Pero una palabra capaz de explicarlo todo corre el riesgo de no explicar nada. La inflamación no es una enfermedad concreta ni el origen universal de todos los síntomas. Es un conjunto de respuestas biológicas que el organismo utiliza ante infecciones, lesiones, irritantes y otras alteraciones de los tejidos. Puede protegernos. Puede ayudarnos a reparar. También puede contribuir al daño cuando es excesiva, se dirige contra estructuras propias o permanece activa durante demasiado tiempo. Por eso, la pregunta importante no es solamente si existe inflamación. Necesitamos saber: dónde aparece, qué la desencadena, cuánto dura y qué consecuencias está produciendo. Cuando la inflamación nos protege Imagina que te haces una herida en la ...