¡Puta espalda! ¿Y si aprendiéramos a escuchar a nuestro cuerpo?
Esta mañana estaba en la panadería, esperando mi turno para comprar el pan, cuando la persona que tenía delante hizo un gesto de dolor y soltó una expresión que probablemente todos hemos escuchado alguna vez:
«¡Puta espalda!».
Después me miró. Yo simplemente asentí, sin decir nada.
Pero aquella expresión se me quedó dando vueltas en la cabeza.
Qué curioso, pensé. Nos duele una parte del cuerpo y nuestra primera reacción muchas veces es enfadarnos con ella. Como si la espalda estuviera haciéndonos algo malo. Como si se hubiera convertido en nuestra enemiga.
Y entonces me hice una pregunta:
¿Y si, además de expresar nuestra frustración, intentáramos comprender qué está pasando?
Mi espalda también me duele
No hablo únicamente desde la teoría.
Soy médico y, como muchas otras personas, paso buena parte de mi jornada laboral sentado. Hay días en los que apenas me levanto de la silla, días en los que duermo peor de lo habitual y otros en los que el estrés parece acompañarme desde que me despierto.
Con el tiempo he observado algo: mis molestias lumbares suelen aumentar cuando llevo varios días moviéndome poco, cuando descanso mal o cuando atravieso períodos de mayor estrés.
No siempre ocurre. Tampoco puedo asegurar que esos factores sean la causa directa del dolor.
Reconocer un patrón personal no equivale a demostrar una causa.
Pero esa observación me ayuda a formular preguntas:
¿Cómo he estado durmiendo? ¿Llevo demasiado tiempo sin cambiar de posición? ¿He dejado de moverme como acostumbro? ¿Qué otras cosas están ocurriendo en mi vida?
No busco una explicación perfecta. Intento comprender qué circunstancias podrían estar influyendo en lo que siento.
Y eso ha cambiado mi manera de relacionarme con el dolor.
El dolor no es un medidor exacto del daño
A veces imaginamos el dolor como una relación directa: un tejido se lesiona y cuanto mayor es la lesión, más duele.
Sin embargo, esa relación no siempre es proporcional.
La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor reconoce el dolor como una experiencia sensorial y emocional, influida por factores biológicos, psicológicos y sociales.
El estado de los tejidos importa. También pueden influir el procesamiento del sistema nervioso, las experiencias previas y el contexto.
Podemos sentir dolor sin que se identifique una lesión que explique por completo su intensidad. También pueden existir alteraciones estructurales que no produzcan molestias.
Eso no significa que el dolor sea imaginario ni que una prueba normal lo invalide.
Significa que no podemos utilizarlo como una regla exacta para medir cuánto daño existe.
Tampoco podemos concluir lo contrario: que, porque el dolor sea complejo, los tejidos hayan dejado de importar.
Comprenderlo exige valorar a la persona.
El sueño, el movimiento y el estrés también pueden participar
Cuando me duele la espalda, revisar cómo estoy viviendo no sustituye una valoración clínica. Puede aportar información.
El sueño es un ejemplo.
Una revisión sistemática publicada en Sleep en 2024 encontró que los problemas de sueño podrían relacionarse con algunos resultados posteriores del dolor lumbar, como su intensidad o la recuperación. Sin embargo, la certeza de la evidencia fue baja o muy baja.
Esto justifica prestar atención al descanso, pero no permite prometer que dormir mejor resolverá cualquier dolor de espalda.
El movimiento también merece un lugar.
Las directrices de la Organización Mundial de la Salud sobre dolor lumbar crónico primario incluyen programas de ejercicio y educación dentro de una atención individualizada. Se refieren al dolor de más de tres meses que no se explica por otra enfermedad o condición subyacente.
No proponen una rutina universal ni indican que todas las personas deban entrenar del mismo modo.
Y luego está el estrés.
En mi experiencia, las temporadas de mayor tensión coinciden a veces con más molestias. Esa coincidencia me invita a revisar el contexto, no a concluir que mi dolor sea «solamente psicológico».
Considerar los factores emocionales y sociales amplía la valoración. No hace menos real el dolor.
Escuchar al cuerpo no significa inventarle mensajes
Aquí conviene detenernos.
La espalda no tiene una voz que diga: «Hoy necesitas caminar veinte minutos más».
Tampoco cada molestia representa una emoción reprimida, una mala postura o un hábito que debamos corregir.
A veces existe una lesión. Otras veces participan varios factores. Y en ocasiones, incluso después de una evaluación adecuada, no conseguimos identificar con precisión por qué aparece o persiste el dolor.
Tener dolor no demuestra que estés cuidándote mal.
Una persona puede moverse, dormir razonablemente bien y seguir teniendo síntomas. También puede enfrentarse a condiciones laborales o personales que no puede modificar con facilidad.
Escuchar al cuerpo consiste en observar sin inventar explicaciones. Preguntarnos qué ha cambiado, qué nos limita y cuándo necesitamos ayuda.
No consiste en convertir cada sensación en una tarea pendiente.
Comprender también puede llevarnos a tratar
Intentar entender el dolor no nos obliga a soportarlo.
Una valoración médica, la fisioterapia, el ejercicio adaptado o un medicamento bien indicado pueden formar parte del cuidado, según el problema y las necesidades de cada persona.
Aliviar el sufrimiento también importa.
No hay una competición entre comprender lo que ocurre y utilizar un tratamiento. Ambas cosas pueden avanzar juntas.
Y el objetivo no siempre será conseguir una explicación perfecta antes de hacer nada. A veces podremos empezar a mejorar la función, el descanso o la vida cotidiana mientras seguimos aclarando el problema.
Como comentamos al hablar de conservar nuestras capacidades, cuidar la salud también implica atender a lo que podemos hacer y a lo que necesitamos recuperar.
Cuándo hace falta consultar
Muchos episodios de dolor lumbar mejoran, pero no debemos atribuir cualquier molestia al estrés o al tiempo que pasamos sentados.
Conviene consultar si el dolor persiste durante varias semanas, limita las actividades habituales o se acompaña de pérdida de peso sin explicación.
La fiebre o el mal estado general junto con dolor de espalda, así como un dolor intenso de aparición brusca o que empeora rápidamente, requieren una valoración urgente.
Acude a urgencias si aparecen dificultades nuevas para orinar, pérdida de control de la orina o las heces, pérdida de sensibilidad alrededor de los genitales o el ano, o debilidad nueva importante en las piernas. También si el dolor comienza tras un accidente importante.
Estas señales no permiten diagnosticar por nuestra cuenta, pero sí indican que no conviene esperar. El NHS recoge estas situaciones en su información sobre dolor de espalda.
Nuestro cuerpo no es nuestro enemigo
Quiero volver a aquella panadería.
No sé qué le ocurría a la persona que estaba delante de mí. No conozco su historia, cuánto tiempo llevaba con dolor ni cómo estaba afectando a su vida.
Quizá tenía una mañana terrible y necesitaba desahogarse.
Y está bien.
Sentir frustración cuando algo nos duele es humano. Nadie necesita reaccionar con serenidad perfecta ni encontrar una enseñanza en cada episodio de dolor.
Mi reflexión no pretende corregir a aquella persona.
Me hizo pensar en mi propia relación con el cuerpo.
A veces sigo trabajando, acumulo cansancio y dejo para después mis necesidades. Otras veces, en cuanto aparece una molestia, me preocupo y busco inmediatamente una explicación.
Entre ignorar todo y vigilar cada sensación hay espacio para algo más razonable: prestar atención sin vivir en alerta.
Comprender sin exigirnos todas las respuestas
La próxima vez que me duela la espalda, probablemente volveré a hacerme algunas preguntas.
Cómo estoy durmiendo. Cómo me estoy moviendo. Qué está ocurriendo en mi vida. Qué puedo modificar y qué necesita una valoración más profunda.
No porque tenga todas las respuestas.
Precisamente porque sé que no las tengo.
Tal vez vuelva a frustrarme. Quizá también se me escape alguna palabrota.
Pero después intentaré recordar que no necesito enfrentarme a mi cuerpo para cuidarlo.
Puedo reconocer el malestar, buscar ayuda y tratar de comprenderlo.
Nuestro cuerpo merece algo más que nuestra atención cuando empieza a doler.
Fuentes para profundizar
IASP. Definición del dolor y notas explicativas, revisadas en 2020.
Silva S y colaboradores. Sleep as a prognostic factor in low back pain: a systematic review of prospective cohort studies and secondary analyses of randomized controlled trials. Sleep. 2024;47(5).
NHS. Dolor de espalda: cuidados y cuándo buscar atención médica.
Sobre el autor
El Dr. Eduardo Chávez es médico venezolano residente en España y creador de Medicina con Coherencia. Divulga sobre fisiología, medicina clínica y estilo de vida para ayudar a comprender mejor el cuerpo y tomar decisiones de salud con criterio.
La salud no se impone, se comprende.
Este artículo tiene finalidad informativa y educativa. No sustituye una valoración médica individual.
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